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29/marzo/2019

Educación y empoderamiento femenino en África Subsahariana ¿Hubo avances?

Antes de terminar su mandato como Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon declaró que la Educación representa hoy en día “la mejor inversión” que los países y las familias pueden realizar en pos de su prospero desarrollo. Parecería ser que África ha escuchado bastante bien las palabras del señor Moon, puesto que en los últimos años, varios Estados africanos han desarrollado grandes proyectos en materia educativa, logrando avances sustanciales en materia de alfabetización, escolarización y acceso a la universidad.

En un contexto donde la población mundial está envejeciendo en términos demográficos, África continua con la tendencia demográficamente activa, teniendo una de las poblaciones más jóvenes del mundo. Esto representa un gran desafío si se lo conecta con los aspectos educativos, puesto que en el largo plazo, esa población joven, de la que hablan los censos estadísticos, será la que probablemente tome decisiones cruciales para el desarrollo político, social y económico del continente.

Este tipo de concientización no solo ha llegado a diversos Estados Africanos, sino que, a través de varios factores entre los que se encuentra el choque cultural, políticas de Estado y reivindicación de determinados derechos sociales y políticos, cada vez son más las familias africanas que deciden invertir en educación para sus hijas e hijos.

Así, en un informe realizado en el 2014 en Nigeria, Ghana y Kenia, la gran mayoría de las familias encuestadas ha respondido afirmativamente a la pregunta de si invertirían mayor cantidad de dinero en la educación de su descendencia. Esto resulta más interesante aún sabiendo que el 20% de las personas encuestads no tenía un nivel mínimo de educación. Es decir que en cada vez más Estados africanos, la concientización de la persona adulta, que no ha podido gozar de educación y que quiere algo distinto para sus hijas e hijos, está en auge.

Sin embargo, no es todo color de rosa, frente al creciente avance de las inversiones y desarrollo en diversos flancos educacionales africanos, las mujeres siguen sin poder empoderarse en el ámbito educativo. Según un estudio realizado en el 2014, la media de mujeres investigadoras en África es del 24%, donde el país con la tasa más alta es solo del 40%. Esta alarmante situación pone una vez más de relieve la necesidad de fomentar políticas que favorezcan el empoderamiento femenino en los ámbitos educacionales.

Programas, como el que lanzó la Fundación Mujeres por África en el 2014, buscan promover este tipo de cuestiones, favoreciendo a las comunidades de mujeres más relevadas del sistema educacional. En ese sentido, trabajar para el fortalecimiento del empoderamiento femenino a través de la educación resulta crucial en el desarrollo político de los Estados3.

Un claro ejemplo es el de Etiopía, país en donde por primera vez una mujer ha ocupado el cargo de presidenta. Sahle-WorkZewde (68 años) se convirtió en la primera mujer presidenta de Etiopía en toda su historia. Además, la mitad del Gobierno etíope está formado por mujeres. A pesar de que el cargo tiene un carácter representativo, su elección fue muy aplaudida internacionalmente.

Así y a modo de conclusión, si se observa el plano a nivel general, se observa un avance. De 1994 al 2004, el 52% de las mujeres africanas era analfabeta, hoy en 2019, la cifra es menor del 32%, un descenso que duplica al de los hombres. Pero al bajar al terreno las diferencias se enturbian: sólo una de cada tres chicas acaba la educación secundaria5. En ese sentido, es importante exportar estos modelos al resto de los países africanos. El rol de las ONGs y los grupos paraestatales representa un arma vital en este tipo de cuestiones. Sobre todo, entendiendo que se trata de procesos de mediano y largo plazo y donde se deben cambiar estructuras muy fuertes en el sistema político burocrático africano. La solución no es sencilla, pero tampoco imposible.

Adriel Sali (MAD ÁFRICA)