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13/agosto/2019

Feminismo e Islam en África Subsahariana: ¿Hay compatibilidad?

“I came to the realization that women and

men are equal as a result not of reading

feminist texts, but of reading the Quran”

Asma Barlas

میں یہ محسوس کروں کہ خواتین اور”

مرد ہیں اس کے نتیجے میں برابر نینی ن

“صوص پڑھنا نہیں بلکہ قرآن پڑھنا پڑتا ہے

A lo largo del siglo XXI (e incluso antes) numerosos académicos de diversas ramas de las ciencias sociales se han planteado una serie de interrogantes que giran en torno a la temática del feminismo islámico en África. ¿Qué es ser africano? ¿Qué es ser feminista? ¿Qué es ser islámico? ¿Qué es el feminismo islámico africano? ¿Existe un feminismo diferente del occidental predominantemente instaurado? En caso de que exista, ¿Plantea los mismos principios que el feminismo occidental? ¿Es compatible el feminismo con la doctrina islámica? Luego de años de diversas investigaciones, la literatura asociada al tópico ha logrado dar determinadas respuestas, aunque muchas de ellas de manera incompleta, puesto que, en definitiva, los tres términos de los que se parte para incursionar el análisis son categorías inestables que muchas veces causan confusión en el lector. El objetivo de este artículo va a ser clarificar en la medida de lo posible los términos planteados anteriormente y dar una idea al lector de la posible compatibilidad entre ellos en el continente africano.

Como primera medida, es necesario definir los tres términos. Se entiende por feminismo a una doctrina y movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de las capacidades y derechos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres. De igual manera y a pesar de que el término sea más complejo de lo que se lo plantea aquí, es necesario mencionar que los métodos para llegar a esa igualdad varían de país en país e incluso dentro de un mismo país uno puede encontrarse con diversas diferencias en los métodos del logro de aquella igualdad (incluso en los objetivos del feminismo mismo). Eso nos lleva a definir el segundo termino, el africano, donde no solo se definirá como aquella persona que venga del continente africano, sino que este estudio estará delimitado por la concepción del áfrica negra, haciendo alusión meramente a aquellos Estados que pertenecen a la llamada áfrica subsahariana. Ello engloba no solo cuestiones geográficas y geopolíticas, sino que también engloba otra concepción tanto del feminismo como del islam. Así, no es lo mismo el movimiento feminista en Egipto que en Ruanda o Senegal. O no es lo mismo la concepción y practica del Islam en Marruecos como en Nigeria. Es importante remarcar esto para caer en errores conceptuales, donde la delimitación conceptual es vital para el correcto análisis.

Por último, se entiende por islam a una religión monoteísta que tuvo su origen en las enseñanzas del profeta Mahoma (570-632) en Arabia, las cuales están recogidas en el Corán; Esta religión se caracteriza por respetar cinco pilares fundamentales: la profesión de fe, la oración ritual cinco veces al día y el viernes en la mezquita, el ayuno durante el mes del ramadán, la peregrinación a La Meca por lo menos una vez en la vida y la limosna. Así, se entendería por islámico a cualquier persona/institución/Estado que profese la religión antes mencionada o que tenga a esta religión como fundamento de autoridad en su ley, es decir, que el Corán sea la base jurídica en la impartición de autoridad política, económica y social.

En ese sentido, podríamos definir al feminismo islámico como un movimiento que busca proteger los derechos de las mujeres y defender la igualdad de género a través del mensaje coránico islámico, partiendo desde la premisa de que el Corán defiende dicha igualdad y que por cuestiones políticas fomentadas por el patriarcado, se han distorsionado.

Sin embargo, este termino no es algo nuevo. En los años noventa, como producto de los cambios políticos y sociales en África y Medio oriente como por ejemplo el reformismo islámico y el proceso de descolonización, ha comenzado a sonar con fuerza el movimiento feminista islámico, que buscaba, entre otras cosas, la plena igualdad entre hombres y mujeres pero partiendo desde las enseñanzas del Corán que, contrario al pensamiento occidental y de algunos lugares del Medio y Cercano Oriente, eran compatibles. Así, este movimiento partía de la premisa de que el Corán representaba un texto liberador en su esencia, pero que determinadas interpretaciones dado el contexto político y social de algunos Estados hicieron que no se lo vea y se lo entienda de esa manera. Así, su argumento continuaba en que no es el Corán o el Islam el que plantea la discriminación a la mujer, sino la degradación y distorsión de las enseñanzas islámicas a partir de diversos hechos políticos y sociales que han sacudido África y Medio Oriente a lo largo de la historia, fomentando practicas patriarcales y anti feministas.

Planteado esto, si la religión es la causa por la que han sido oprimidas, discriminadas y relegadas a un rol de inferioridad ante el hombre, la única forma de cambiar su posición en la sociedad es cambiando la interpretación que se ha impuesto desde una sociedad patriarcal y que, según su visión, es sesgada y artificial de acuerdo a las interpretaciones coránicas. En definitiva, el movimiento feminista islámico reivindica la posibilidad de alcanzar la igualdad de género partiendo de las premisas coránicas y con la distinción de que está integrado mayoritariamente por mujeres musulmanas que no quieren abandonar su religión y que están convencidas de que al patriarcado se lo puede combatir con el islam como herramienta de unión e igualdad.

Así, y dentro de los planteamientos principales del feminismo islámico se encuentran los siguientes:

  • Cimiento de sus bases en el Corán y el espíritu igualitario del Islam, cuyas demandas de igualdad y paridad de género son establecidas por mujeres musulmanas dotadas del conocimiento necesario para desafiar las interpretaciones patriarcales del Corán y lograr la igualdad que originalmente el Islam planteaba como filosofía. En definitiva, busca lograr un fortalecimiento de la iytihad (esfuerzo de interpretación) para reforzar las demandas feministas dentro del contexto islámico.
  • Oposición a la visión contemporánea de la Sharia, creada entre los siglos IX y X e impuesta como una verdad inamovible a la que todos los musulmanes deben aceptar y obedecer. Esta visión a la que se opone el movimiento es la que imparte el trato discriminatorio y desigual hacia la mujer y de donde deriva la aceptación de la violencia doméstica, los castigos corporales y códigos de vestimenta entre otros.
  • Convicción de que el Islam no es una religión patriarcal en sí, aunque su interpretación (generada por el hombre) durante los siglos IX y X ha sido encaminada hacia ese sendero.
  • Entendimiento y reflexión sobre el subjetivismo de la jurisprudencia islámica clásica en torno a los principios coránicos, creada en base a un tiempo histórico concreto y realizada desde una perspectiva patriarcal y con un sistema social y político jerarquizado enteramente masculino.
  • Idea de que el Islam representa las bases de la liberación y que bajo ningún contexto materializa u oprime a la mujer en sus versículos.

Ahora, entendiendo que el feminismo islámico es una herramienta a través del cual las mujeres pueden luchar por la igualdad e integración más justa en la sociedad considerando y manteniendo su identidad religiosa, este tipo de perspectiva choca con el secularismo predominante que se expande entre las diversas vertientes feministas occidentales. Sin mencionar el choque existente entre el feminismo occidental y su concepción del Islam como religión opresora hacia la mujer.

Ahora y más allá del feminismo islámico en sí, es necesario hilar más fino aun. Así como existen diferencias entre el feminismo occidental predominante y el feminismo islámico, ¿existe alguna ramificación del feminismo islámico en su interior? La respuesta es afirmativa. Así como el islam tiene sus propias ramificaciones interpretativas y religiosas, el feminismo islámico tiene sus propias vertientes que la hacen aun más interesante de analizar.

Una de esas vertientes es el feminismo islámico subsahariano. A pesar de que el continente africano tenga una amplia gama de diversificaciones culturales y religiosas, es posible dividir al islam en áfrica en dos grandes grupos. En primer lugar el islam del Magreb y por otro lado el islam subsahariano. Por supuesto que dentro de cada uno de los grupos mencionados se encuentran muchas otras diversificaciones, pero a fines de este trabajo, es conveniente plantearlo de esa manera. Así, el islam subsahariano tiene como característica fundamental un elemento que potencia el desarrollo del feminismo desde una perspectiva más abarcativa y menos estigmatizadora. Esta característica del islam subsahariano que no es predominantemente compartida por el islam del Magreb o el impartido en Medio o lejano Oriente es que en gran parte de la población del África Subsahariana ha adoptado el Sufismo como perspectiva islámica.

Si existe una razón para que el Islam practicado en África occidental sea especialmente comprensivo y busque estrechar lazos con las demás religiones y tradiciones este motivo es sin duda la adopción del sufismo por la mayor parte de la población musulmana como referencia vital. Así de contundentes y aclaradoras son las palabras de uno de los místicos sufíes más admirados de todos los tiempos, Ibn Arabi (Murcia, 1165 – Damasco, 1240):

Mi corazón acoge cualquier forma:

prado de las gacelas, refugio para el monje,

templo para ídolos, Kaaba del peregrino.

Es tablas de la Tora y libro del Corán.

Sigo la religión del amor solamente

a donde sus camellos se encaminan.

Mi sola fe es amor y mi creencia.

El sufismo viene a ser el aspecto esotérico del Islam, la profundización espiritual en su esencia o con analogía a otras religiones, la realización mística. El término es usurpado a veces en Occidente por grupos esotéricos desvinculados del Islam, como algunas formas de sincretismo Nueva Era. Sin embargo durante toda su historia, ha sido un movimiento más del Islam ortodoxo o heterodoxo. Los practicantes de una vía sufi están agrupados en distintas hermandades (tariqa) que persiguen la purificación del alma humana, la consecución del Conocimiento divino y la realización de la Realidad Divina a través de las enseñanzas espirituales que brindan el Corán y la sunna, principalmente y de manera secundaria los dichos y experiencias de otros profetas y santos. Así, el sufismo islámico en África no solo ha tomado un accionar conciliador para con las otras religiones del continente africano, sino que también ha sabido incorporar el rol de la mujer en el sistema de creencias islámico de manera armoniosa y espiritual. Esto no es algo contemporáneo producto de la transformación del islam en la región, sino que viene desde su propio origen en el continente. Así, como remarca Juan González Barahona en su artículo ´El islam en África Occidental´ “El proceso de islamización del África negra en general se ha realizado mediante la adaptación a la estructura de la sociedad y al derecho familiar tradicionales de las poblaciones locales, que en algunos casos eran matriarcales” (Barahona, 2009).

Mientras que en corrientes islámicas más ortodoxas hay interpretaciones coránicas que discriminan a la mujer, en el sufismo se entiende, en términos generales, que la discriminación hacia la mujer  contradice al texto coránico.

Sin embargo y a pesar de que este tipo de feminismo tenga como meta crear lazos entre los diferentes feminismos para lograr la consecución de objetivos en común, el feminismo islámico se encuentra con ciertos obstáculos (muchos de estos generados por el feminismo occidental). En primer lugar nos encontramos con los presupuestos ideológicos que el feminismo secular europeo mantiene, en donde se plantea que el islam es el causante principal de la opresión a la mujer y que, por consiguiente, la salvación de la mujer musulmana está en el abandono de su fe.

En segundo lugar podemos encontrar la idea de victimización de las musulmanas tomándolas como sujetos que no tienen ni voz ni votos y que hay que salvarlas porque son incapaces de hacerlo por ellas mismas. Este planteo visto desde una perspectiva occidental y descartando a priori la posibilidad de tomarlas como sujetos activos capaces de explicarse a sí mismas constituye una mala percepción no solo del islam como religión sino también de la mujer como persona que profesa el islam.

En tercer lugar se encuentra la idea de incompatibilidad que occidente tiene respecto al feminismo y la religión. El feminismo puede encontrar su base en la religión (al menos en el Islam) siempre y cuando los textos sagrados sean interpretados de manera clara. El problema es que el islam ha sido distorsionado históricamente para determinados fines que no son los que se han planteado. Como consecuencia de eso, el rol de la mujer en el islam no se desarrolló de manera correcta. Sin embargo y tomando en cuenta esta premisa, el feminismo islámico (y particularmente el feminismo islámico subsahariano) busca redimir este tipo de interpretación y lograr expandir la visión del islam como religión que fomenta la igualdad entre el hombre y la mujer.

Por ultimo pero no menos importante, el feminismo islámico se encuentra con el hecho de que, desde las mismas agrupaciones feministas, se niega la propia existencia del feminismo islámico. Esto no hace más que fomentar la grieta ideológica que, en definitiva, favorece al patriarcado. La negación de este tipo de perspectivas no hace más que negar el derecho legítimo a la libertad de creencia de la mujer y, en definitiva, negar el correcto desarrollo social y cultural del género femenino.

Y es justamente allí donde el feminismo islámico subsahariano difiere. La concepción de igualdad entre el hombre y la mujer partiendo de premisas religiosas no solo fomenta los objetivos globales del feminismo, sino que plantea un avance en la diversificación feminista, enriqueciendo el debate y las aportaciones hacia una causa que hoy en día tiene cada vez mayor relevancia.

Así y a modo de conclusión, el feminismo es compatible con el islam de manera armoniosa y teológica, sin ir en contra de los principios coránicos (puesto que los mismos principios fomentan la igualdad entre el hombre y la mujer). Sumado a eso, la corriente feminista islámica cobra mayor relevancia y aceptación si se lo encuadra desde un enfoque subsahariano dentro del continente africano, dado que suele desarrollarse bajo la lógica sufista que permite una mayor recepción a los cambios y elementos exógenos. Sin embargo, hoy presenta varias críticas por la predominancia de un feminismo occidental instaurado y con un nivel de secularización y concepciones erróneas sobre el islam que fomentan la desagregación de los objetivos centrales del feminismo a nivel global.

Adriel Sali (MAD África)